Esta semana en el sitio web del Olive Health Information Service
La newsletter de la Universidad de Navarra y el COI dedicada a la salud
Artículo 1
Cada vez hay más pruebas que respaldan la dieta mediterránea como una estrategia nutricional eficaz para prevenir y controlar los trastornos metabólicos. El cumplimiento de este patrón alimentario se ha asociado sistemáticamente con una menor prevalencia del síndrome metabólico y sus componentes clave, entre los que se incluyen la obesidad central, la hipertrigliceridemia, el colesterol HDL bajo, la hipertensión y la hiperglucemia. Los beneficios metabólicos de la dieta mediterránea se atribuyen en gran medida a su perfil nutricional distintivo: énfasis en los cereales integrales ricos en fibra, las legumbres, las frutas y las verduras con una carga glucémica baja; consumo regular de pescado y frutos secos, que aportan ácidos grasos poliinsaturados; y aceite de oliva como fuente principal de ácidos grasos monoinsaturados cardioprotectores. En conjunto, estos elementos favorecen una mejor regulación metabólica y reducen el riesgo cardiometabólico.
Esta semana destacamos dos estudios recientes que examinan el papel de la dieta mediterránea en las enfermedades hepáticas y la obesidad. El primero, un análisis transversal de los datos de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición (NHANES) recopilados entre 2017 y marzo de 2020, examinó la asociación entre el cumplimiento de la dieta mediterránea y la fibrosis hepática en adultos con enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD). Una mayor adherencia se asoció significativamente con un menor riesgo de fibrosis hepática. En particular, las personas con la mayor carga de factores de riesgo metabólico mostraron un riesgo de fibrosis un 42 % menor en comparación con aquellas con baja adherencia.
El segundo estudio es un metaanálisis que evalúa la eficacia de la dieta mediterránea, con o sin actividad física concomitante, en el tratamiento de la obesidad infantil. El análisis incluyó 18 estudios que abarcaban a 1539 participantes de entre 2 y 18 años. Las intervenciones basadas en este patrón alimentario se asociaron con mejoras significativas en el índice de masa corporal y el porcentaje de grasa corporal. Además, las intervenciones combinadas que incorporaban tanto la dieta mediterránea como la actividad física estructurada demostraron una mayor eficacia en comparación con la intervención dietética sola, lo que subraya el valor de las estrategias de estilo de vida integradas.
En general, estos hallazgos confirman una vez más el potencial protector de la dieta mediterránea contra las enfermedades metabólicas. En consonancia con un conjunto de publicaciones sólido y creciente, una mayor adherencia, especialmente cuando se combina con actividad física regular, se perfila como una estrategia eficaz para prevenir y controlar la obesidad en la infancia y la adolescencia.
Artículo 2
Los últimos hallazgos científicos siguen respaldando la idea de que el aceite de oliva virgen extra y la dieta mediterránea desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de la salud cardiovascular y cerebral. Un artículo reciente ofrece una amplia revisión de los compuestos fenólicos bioactivos presentes en el aceite de oliva virgen extra y sus posibles implicaciones en el contexto de la prevención cardiovascular. A nivel molecular, estos polifenoles modulan vías clave como NF-κB, Nrf2 y PI3K/Akt, mejorando la biodisponibilidad del óxido nítrico endotelial y reduciendo el estrés oxidativo y la inflamación vascular, mecanismos centrales en la aterogénesis.
Más allá de la salud cardiovascular, el cumplimiento de la dieta mediterránea también se ha relacionado con beneficios significativos en el ámbito de la salud mental. Un estudio transversal realizado con 2697 estudiantes universitarios italianos reveló que un aumento de un punto en la escala Medi-Lite —una puntuación validada de 0 a 18 puntos que se utiliza para medir el cumplimiento de la dieta mediterránea— se asociaba con una reducción del 9 % en la probabilidad de presentar síntomas depresivos clínicamente relevantes. Un mayor consumo de alimentos de origen vegetal parecía tener un efecto especialmente protector: comer más de dos raciones de fruta al día o más de 2,5 raciones de verdura se asociaba con una reducción de aproximadamente entre el 38 % y el 40 % de los síntomas depresivos. El consumo regular de aceite de oliva también formaba parte de este perfil dietético protector, incluso después de ajustar por edad y sexo.
En el ámbito del deterioro cognitivo, un estudio de casos y controles en el que participaron 30 pacientes con enfermedad de Alzheimer y 30 controles sanos examinó la relación entre el cumplimiento de la dieta MIND, la malnutrición y la depresión. La dieta MIND, abreviatura de Mediterranean-DASH Intervention for Neurodegenerative Delay (Intervención mediterránea-DASH para el retraso neurodegenerativo), es un patrón alimenticio diseñado específicamente para favorecer la salud cerebral. Combina elementos de la dieta mediterránea y la dieta DASH, con especial énfasis en las verduras de hoja verde, las bayas, el aceite de oliva, los cereales integrales, los frutos secos, las legumbres y el pescado. En este estudio, una mayor adherencia a la dieta MIND se asoció significativamente con puntuaciones más bajas de depresión y un mejor estado nutricional. El riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer era 2,03 veces mayor en las personas con alto riesgo de malnutrición (IC del 95 %: 1,14-3,62), mientras que una puntuación más alta en la dieta MIND se asociaba con una probabilidad 2,88 veces mayor de pertenecer al grupo sano (IC del 95 %: 1,51-5,50).
En conjunto, estos estudios refuerzan la opinión de que el aceite de oliva virgen extra y la dieta mediterránea —y sus variantes, como la dieta MIND— no solo son modelos alimenticios saludables para el corazón, sino también herramientas potenciales para promover la salud mental y cognitiva.
Otros artículos mencionados esta semana en la newsletter de OHIS (en inglés):
Olivas y aceite de oliva

