
La creación del Consejo Oleícola Internacional, como consecuencia de la entrada en vigor del Convenio Internacional del Aceite de Oliva de 1956, constituye un verdadero acto de fe.
En efecto, al margen de las lógicas preocupaciones de carácter mercantil y de la necesidad de organizar el mercado internacional del aceite de oliva, lo que mueve a la creación de este organismo es la voluntad compartida por todos sus Miembros de constituir y desarrollar un espacio de solidaridad para la defensa y salvaguardia del olivo y del aceite de oliva.
Para la mayoría de las Partes del Convenio Internacional del Aceite de Oliva, la oleicultura ha de ser necesariamente tenida en cuenta en toda reflexión profunda sobre la agricultura, el empleo, el éxodo rural, el comercio agroalimentario, la conservación de los suelos y del medio ambiente y otros muchos temas de fundamental importancia socioeconómica.
El Consejo Oleícola Internacional, organización intergubernamental encargada de administrar el Convenio Internacional del Aceite de Oliva, se ha convertido con el paso de los años en un instrumento multilateral único al servicio de la oleicultura mundial: no sólo constituye un foro ideal para el encuentro de expertos y la confrontación de ideas sino también un marco privilegiado de reflexión y decisión en el que se formulan las grandes líneas de acción destinadas a preservar el futuro de la oleicultura mundial.
Por la coordinación de las políticas nacionales de producción y de comercialización de los productos del olivo, la adopción de medidas normativas para preservar la autenticidad del producto y la puesta en marcha de actividades pluridisciplinares en el ámbito de la agronomía, la tecnología, la ciencia y la información, el Consejo Oleícola Internacionales se ha convertido en el eje de toda acción multilateral destinada a defender y promover el olivo y sus productos.
Tras más de treinta años de existencia, respaldado por el apoyo de sus Miembros y por la experiencia adquirida, el COI goza hoy en día de un indudable prestigio internacional y puede afrontar el porvenir con fundado optimismo y determinación.
El prestigio adquirido por el aceite de oliva más allá de los confines del Mediterráneo, y que se afianza día a día, confirma que nuestros predecesores estaban en lo cierto, al tiempo que augura una nueva juventud a este árbol milenario y anima a toda la familia oleícola a seguir trabajando en favor de todos aquellos que viven de la oleicultura.
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